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4 de febrero de 2009

Anatomía

ά

Leí no hace mucho tiempo:
basta de canciones, poemas
sobre corazones que laten
desangrados,
ya está bien de abandonarse
en taquicardias amorosas.
El corazón ha estado siempre
tan sobrevalorado.

Seguía el argumento:
entre las partes del cuerpo,
los verdaderos, los auténticos
órganos del amor
son los pulmones distraídos,
que se llenan de desencuentros.
De olores, dolores, abismos,
del calor y el tiempo.

El corazón late y late,
lo hace sin querer, sin parar,
porque así está acordado
con el cerebro.
Los pulmones abren y cierran
las ventanas que encontramos,
el amor que respiramos,
inyectado en nuestras venas.

2009
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